Sal 18,8.9.10.15

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta

y es descanso del alma;

el precepto del Señor es fiel

e instruye al ignorante. 

Los mandatos del Señor son rectos

y alegran el corazón;

la norma del Señor es límpida

y da luz a los ojos. 

La voluntad del Señor es pura

y eternamente estable;

los mandamientos del Señor son verdaderos

y enteramente justos. 

 

Salmo 119, 17-24

Que te agraden las palabras de mi boca,

y llegue a tu presencia

el meditar de mi corazón,

Señor, roca mía, redentor mío. 

Favorece a tu siervo, 

para que viva y guarde tu palabra. 

Abre mis ojos, para que vea 

as maravillas de tu ley. 

Peregrino soy en la tierra, 

no escondas de mí tus mandamientos. 

Quebrantada está mi alma anhelando 

 tus ordenanzas en todo tiempo. 

Tú reprendes a los soberbios, los malditos, 

que se desvían de tus mandamientos. 

Quita de mí el oprobio y el desprecio, 

porque yo guardo tus testimonios. 

Aunque los príncipes se sienten y hablen contra mí, 

tu siervo medita en tus estatutos. 

también tus testimonios son mi deleite; 

ellos son mis consejeros.

 

San Juan Bautista, según recoge el evangelio de san Lucas, recomienda: «El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo» (Lc 3, 11).

 3) Dar posada al peregrino.

 4) Vestir al desnudo.

En la carta de Santiago se nos anima a ser generosos: «Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, calentaos o hartaos", pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?» (St. 2, 15-16).

 5) Visitar al enfermo

El mejor ejemplo de la Sagrada Escritura es el de la Parábola del Buen Samaritano, que curó al herido y, al no poder continuar ocupándose directamente, confió los cuidados que necesitaba a otro a quien le ofreció pagarle.  Lc. 10, 30-37).

6) Visitar a los encarcelados

Consiste en visitar a los presos y prestarles no sólo ayuda material sino una asistencia espiritual que les sirva para mejorar como personas, enmendarse, aprender a desarrollar un trabajo que les pueda ser útil cuando terminen el tiempo asignado por la justicia, etc.

7) Enterrar a los difuntos

¿Por qué es importante dar digna sepultura al cuerpo humano? Por qué el cuerpo humano ha sido alojamiento del Espíritu Santo. Somos “templos del Espíritu Santo (1 Cor 6, 19).

LAS OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES

 1)Enseñar al que no sabe

Como dice el libro de Daniel, "los que enseñan la justicia a la multitud, brillarán como las estrellas a perpetua eternidad" (Dan. 12, 3b).

 2) Dar buen consejo al que lo necesita

Uno de los dones del espíritu Santo es el don de consejo. Por ello, quien pretenda dar un buen consejo debe, primeramente, estar en sintonía con Dios, ya que no se trata de dar opiniones personales, sino de aconsejar bien al necesitado de guía.

3) Corregir al que se equivoca

La corrección fraterna es explicada por el mismo Jesús en el evangelio de Mateo: "Si tu hermano peca, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano". (Mt 18, 15-17)

Debemos corregir a nuestro prójimo con mansedumbre y humildad.  el que endereza a un pecador de su mal camino, salvará su alma de la muerte y consigue el perdón de muchos pecados"(St. 5, 20).

4) Perdonar las injurias

Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden “y el mismo Señor aclara: “si perdonáis las ofensas de los hombres, también el Padre Celestial os perdonará. En cambio, si no perdonáis las ofensas de los hombres, tampoco el Padre os perdonará a vosotros (Mt. 6, 14-15).

 Y el mayor ejemplo de como perdonar , lo tenemos en Cristo, que en la Cruz, nos enseña a perdonar todo a todos. "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". (Lc. 23, 34).

 Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores”. Mt 6,12

 5) Consolar al triste

En el evangelio de Lucas, la resurrección del hijo de la viuda de Naím: Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: Joven, a ti te digo: Levántate. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre."

6) Sufrir con paciencia los defectos de los demás La paciencia ante los defectos ajenos es virtud y es una obra de misericordia. 

 7) Orar por vivos y difuntos El quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad". (1 Tim 2, 2-3).